Thursday, August 11, 2011

... ventaja, después de todo, el que no pueda correr rápido, en noviembre pasado ni siquiera se le podía llamar correr a lo que hacia, hoy sus pasos más apresurados me recuerdan a Bambi, aunque no tanto como su imagen al tratar de subir escalones y pararse sin ayuda, de la vez que nos reencontramos, sin embargo conserva algo de ese ciervo.
Así, al jugar béisbol teníamos nuestra ventaja, en un campo improvisado (menos tal vez que el de mi niñez) y con un palo de golf por bat, jugamos por primera vez. Éramos cinco en dos equipo, quien lo escogiera a Él se integraba por 3, nosotras, A. y Yo, bateábamos, pichábamos y cachábamos en contra de ellxs. Las dimensiones del campo eran las más pequeñas en la que había jugado, pero su fuerza en las brazos (un 85 % tal vez de la que antes tenía) hacían que creciera nuestro espacio de juego. La pelota salía disparada, alto, lejos, aun con ésto teníamos la gran ventaja!! no puede correr y por muy lejos que llegara la bola teníamos podíamos hacerle un out, al menos claro que la coordinación de lanzar y cachar entre A.y Yo tuviera sus fallas, tal y como nos pasó, logrando así que nos anotaran varias carreras, pero no más de las que nosotras pudimos hacerles, porque si bien a Él le tocaba pichar sus compañeras, de equipo R. y N., no eran muy diestras al momento de cachar o correr por la pelota.

De esta forma jugamos varias veces, con la alegría de hacerlo compramos bats, pelotas y sacamos guantes ya muy empolvados y duros. El campo cambió varias veces, pero el gusto de hacerlo continuo. Las ventajas derivadas de tristezas se volvieron alegrías y la convivencia y recuerdos han quedado impresos dentro de un proceso que ya suma más de un año y que se antoja perenne en nuestras vidas.

0 y ustedes qué dicen: